Un pronóstico.

Ayer esperaba mi turno en el banco cuando un nuevo cliente se sentó también a la espera con su ficho en la mano. Me pareció conocido, de haberlo visto en algún lado, y una mirada más detallada casi me lo confirmó. Dudé en preguntárselo pero, después de pensarlo mejor, me decidí.
-¿Eres Cochice, cierto?
– ¡Siii!, respondió con un ligero sobresalto.
-Fuimos compañeros en la escuela Alfonso López, allá en Manrique. Nuestra profesora de segundo Primaria era la señorita Candelaria Sosa, ¿te acuerdas?
-Sí, sí, me responde, aunque no le pasa por la cabeza quién sea yo, pero intenta recordar dos o tres nombres de sus maestros de aquel entonces: Luis Carlos (olvida el apellido: Álvarez) y don Avendaño…Manuel, le completo. En fin, apenas una manera de saludarlo y en tono casual hablar de Manrique, nuestro barrio de aquel entonces y de otros dos ciclistas, compañeros suyos, también de allí: El ñato Suárez y Camachín Maya y, por supuesto del Tour.
-Camachín murió en Supía, me dice. ¡Todo se va en un momento!, concluye, en tono resignado, a la manera de los filósofos.
El turno en el banco se hace eterno y los otros clientes a la espera, al reconocerlo también, paran la oreja. Cochise, aunque se muestra amable, conserva cierta prevención, la que tienen los viejos (somos de la mima edad) con los desconocidos. Quizás tampoco le haga mucha gracia, atento y apurado como está -ya casi son las doce del mediodía-, a que aparezca el número de su ficho en el tablero, hablar con el primero que se le acerca. Pero insisto. ¿Cómo no aprovechar la ocasión?
-¿Te parece bien planeado el trayecto de este tours, los cambios introducidos? –Sí, no duda en responderme. No todo puede ser subida, montaña; además es muy duro. En una de esas pruebas, perdí ocho kilos, ¿sabes lo que es eso para un ciclista? Acá se alternan muy bien el ascenso y el plano, la velocidad. Está perfecto.
-¿Y juntos el Giro y el Tour para Nairo, ¿no es demasiado? ¿Su físico si le da para tanto?
– Nairo mide 1.50 mts, y con la mano me indica su baja estatura. Muy duro para él.
– ¿Por qué aceptar correrlos, entonces? Supongo que quien mejor sabe de sus capacidades sea él y su manager.
– Ahí el que manda es el dueño de la marca. Él decide.
-Y lo de Rigo, ¿qué te parece?
-Rigo es un gran ciclista y está en muy buena forma. Bueno en el ascenso, en el llano y remata muy bien.
-¿Será que nos da la sorpresa?
– ¡Estoy seguro, lo veo muy bien! Puede, claro, ¿por qué dudarlo?
-¿Cuál de los actuales corredores te parece el más grande?
– Mouleman.
Aparece el número de mi turno en el tablero y me despido.
-Hasta luego, Martín, un gusto.
Levanta la mano de manera distraída y de nuevo se sumerge en su espera.