Afilo mis instintos.

por restrepoelkin

 

Hace rato la soledad permanece en el guayabo sin atreverse, tal como lo hacía antes, a volar y comer del plátano, que se le ha colocado en la manga. Las precauciones y miedos seguramente se lo impiden y de nuevo el ave se ha vuelto arisca como cuando comenzó a aparecer en el predio. Y razón no le falta.

Hace unos días encontré en la entrada del garaje las dos hermosas plumas traseras de una de ellas. Pensé erróneamente que quizás las mudaban y como había visto que, con la nueva cría, ya eran tres, a lo mejor eso había sucedido y una de ellas empezaba a lidiar otra vez con el plumaje.

Con estas visitantes había llegado a una suerte de pacto tácito. A diario yo les ofrecería alimento y ellas, muchas veces metiéndose a la casa a reclamar lo suyo, me permitirían gozar, sin aspavientarse, de su irisada, tornasolada, belleza. Porque si hay pájaro hermoso, ¿cuál no?, es éste. De un tamaño mayor a los otros, su plumaje de un color verdiazul y azulverde, imposible en algo que no salga de los hornos de la naturaleza, ni por aproximación me atrevo a describir. No importa, quien lo ha visto lo tiene presente, además porque sus dos largas colas terminadas en abanico y su movimiento pendular, lo facilitan.

Bueno, una tarde encontré las plumas tiradas en el piso y al relacionarlas con sus temores de ahora (esta mañana el plátano permaneció intacto), de pronto vi claro. Recordé que, sumido en tareas protocolarias,  había visto un gato agazapado cerca al lindero. Que ahora, culpable, la bestia huya cuando me ve,  no exige mucha cabeza. El maldito, consagrado a paladear sus instintos, atrapó a una de mis huéspedes, convencida de que la familiaridad y la seguridad hogareñas, no encerraban riesgo alguno.

¡Ah, miserable!, ni por un instante, su fechoría lo llevó a pensar que, para quien cultiva sus instintos, la belleza, esa disquisición superior de la vida, será siempre una presa fácil. Hasta aprovechó que fuera así. Olvidó, sin embargo, que, en el orden de las cosas, a un depredador sigue otro y que hoy me levanté con ánimo avieso. Que se cuide.

 

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