Una ciudad que es todo, menos una ciudad.

por restrepoelkin

Tal vez uno sea como su ciudad es. Verme crecer fue ver como un lugar del que sus habitantes se sentían orgullosos, pues era una ciudad plácida y hermosa,  pasó a ser otra donde, caos y miseria incluidos, vivir se volvió una carga. A Medellín la llamaban la “bella Villa”, “la tacita de plata”, “la ciudad de la eterna primavera”, no sé de cuantas maneras más, y la gente moría porque ese era el curso natural de las cosas. Y se vivía, por lo que recuerdo, como si fuera la ciudad celestial. Don Tomas Carrasquilla, como a Bello y Sabaneta (hay que ver lo que son hoy), no dudó en llamarla un paraíso..

Yo hablo del Medellín de hasta los años setenta, cuando empezó a caerle la maldición y ya nadie supo cómo llamarla. Cuando el “progreso”, el ánimo especulativo, la mafia dieron muy buena cuenta de toda civilidad y poco se pensó, más allá de enfrentar una violencia genocida, que en ella también tenía que ver la forma cómo, heroicamente o no, pensábamos la vida y cómo queríamos vivir allí.

Vistas las cosas así, da la impresión que quienes imaginaron y pensaron a la ciudad como tal (por última vez), con sus aires franceses o art nouveau, fueron unas generaciones que tenían presente que su suerte también dependía del concepto colectivo y el amor propio a que daban lugar su planeación, espacios y servicios públicos, la belleza y funcionalidad de sus edificios y construcciones, sus barrios, la vida hecha a diario, a diferencia de ahora, donde, salvo suntuosidades vanidosas, los funcionarios no saben qué hacer y nosotros, sus habitantes, corremos de un refugio a otro, llámese oficina, casa o tugurio, porque la ciudad, salvo el caos vehicular, el gas tóxico, las motos, la inseguridad, el robo del paisaje, la pobreza, la desdicha, la insolidaridad, poco posibilita.

Medellín ya no se puede caminar, ni tiene parques donde acudir, ni tranvía al cual subir, donde darle a la existencia, acá en este país tan difícil, además de un respiro, gratificarse con ella.

Y no me pidan que sea positivo porque sé de lo perdido.

 

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