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Mes: diciembre, 2016

Libélulas.

Antes era frecuente verlas

agitando sus irisadas alas

sobre el agua de las piscinas,

las flores de los antejardines

o los matorrales silvestres.

Caigo en cuenta ahora

cuando ya no hacen parte

de la diaria razón de las cosas.

Por lo menos de estos espacios urbanos

donde el halo natural

se ha tornado una reverberación venenosa.

¿Son las libélulas otra especie en extinción?,

me pregunto, y pienso en el destino de la belleza,

si ella apareció con el mundo o es producto,

como todo, del ciclo evolutivo

y, por tanto, un día morirá también… como todo.

O es sustancia de lo divino

y poco importa lo que el mortal haga de ella,

pues sobrevivirá a su desatino

en otros espacios remotos.

Pero ¿quién daría entonces cuenta de ella?

Innato es nuestro sentido de la belleza,

y perderla, dejarla de advertir, sería el comienzo de la desgracia.

Sin embargo, no existe situación, por miserable que sea,

que esté exenta de ella. Aún en la muerte

percibimos que, por mínimo

que haya sido su brillo,

por su causa  entrevimos el paraíso,

aquel lugar donde un resplandor inextinguible

gratifica al corazón

sin necesidad de mayores razones.

¡Ah!, los días en que las libélulas

venían a prenderse al jardín de la casa

sin otra causa que la belleza misma

sin otro fin que anunciarse

en el regalado verano de nuestra dicha.

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Poema

Autumm Rythm

 

aquel día

él pasó el final de la tarde

frente al Pollock

que exhibe el Museo Metropolitano

sin sentir necesidad de nada

salvo vivir la sensación

el asomo raro

que la compulsiva telaraña de líneas

ritmos

tonos y colores  le producía

semejante se le ocurrió

a un otoño

bañado por una búdica

intensa tibieza mental

anticipo

de algo no sabido

y al fin nuestro

tal como puede serlo

–con figuras y ornamentos tallados

por una mano no humana –

la estela hallada por una sonda

en algún confín galáctico

y ahora expuesta

en una sala de museo

para goce y  perturbación de todos

Poema

Irse a Islandia
tener allí otra vida

y volverse
un tipo de cuidado

como quería Rimbaud

y huir
siempre huir

He acá el dictado la monserga
que todavía él escucha

Irse

otear otros paisajes

y dejar que a su destino huero
lo arrastre el mar

siempre

hacia reclamos
todavía más brumosos

y lenguas menos onerosas

Irse hasta no encontrar
donde ir

y allí sí
escribir el salmo