Marcos Calarcá en CNN.

 

En entrevista aparecida estos días en CNN , ante la pregunta del periodista de si las Farc no temen a los tribunales internacionales por la violación de los derechos humanos, Marcos Calarcá, miembro del comité negociador, responde sorprendido: “¿A cuales violaciones?” El periodista le enumera: secuestro, narcotráfico, extorsión, minas, genocidios, reclutamiento de menores… “Quien nada debe, nada teme”, responde con cara de palo. ¿Cómo”?, se pregunta uno, ¿no es ésta una actitud muy cínica? Frente a lo que las Farc ha hecho a un país durante años, sus dirigentes no tienen o fingen no tener conciencia ninguna? ¿No tienen idea acaso del Mal? Quizás, dirán, los culpables seamos los demás que actuamos distinto, dentro de la legalidad.
El Mal, una palabra que no suele escucharse ni plantearse en estos manejos de un país, ¿basta someterla a una idea política, a la aventura del poder, para relegarla y hacer pensar que no existe? ¿Qué el daño a los demás, a la sociedad misma, no importa? ¿Cómo valorar entonces la conducta humana?, ¿cómo diferenciarla?, ¿son todas las cosas iguales? Hasta el lenguaje, el común y corriente, resulta pervertido. Calarcá en lugar de secuestro utiliza el eufemismo “retención” y para Iván Márquez sus crímenes, los de la Farc, son solo “errores”, como si las palabras fueran inocentes. Tampoco los nazis actuaban con una conciencia del Mal y también disfrazaban el lenguaje.
Perdón y reconciliación son palabras que se piden a las víctimas, ¿cuáles pedir entonces a los victimarios cuya ideología les autoriza todo? A ellos que nada deben.