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Mes: noviembre, 2015

Dios y los dinosaurios.

 

No habla la Biblia, cualquier biblia, de los tiempos prehistóricos cuando el mundo apenas existía en borrador y criaturas monstruosas lo poblaban y aquello era por completo una pesadilla. Es como si no hubieran existido o, mejor, como si no fueran obra de dios y por lo tanto no había de qué hablar. O, peor, no necesitaban de explicación, estaban fuera del libreto. ¿Se trataba apenas de un ensayo, de tentativas no siempre dignas de encomio, antes de convenir con un verdadero inicio? Comenzar con los dinosaurios para luego sacarlos de escena, borrándolos de un plumazo, quizá no favorezca mucho la fábula de un creador que entrega el paquete listo desde el alba de la historia.
Sin embargo, viniendo más acá, a tiempos de la historia, cuando el humano logró ponerse de pie, quizás las razones evolucionistas, por más ciertas que sean, tampoco explican por qué, sin la mano de ese Dios, muerto hace unos días, las cosas tomaron forma y orden. Por qué y cómo lo oscuro y originario, pese a todo, terminó convertido en un acontecimiento asombroso y lleno de belleza. En un real milagro.
Borges, el ineludible Borges, ya anciano, confesaba tener todavía asombros, dando prueba no solo de que su mente continuaba activa sino de que frente al profundo enigma, él que lo sabía todo, la vivencia a profesar era esa, la que sin explicarnos mucho nos entrega la estremecida visión del TODO.

 

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¿Han perdido las tetas poder?

Rumer Willis, hermana de Scout, la que se paseo semidesnuda por Nueva York. Las fotos de Scout no se permiten subir a internet.

Rumer Willis.

No hace mucho la hija de Bruce Willis, Scout Willis, caminó por el centro de New York, donde nadie mira a nadie, con el torso desnudo. Según la prensa que sí mira, con dicho hecho buscaba reivindicar el derecho de la mujer a eliminar el sujetador y mostrar las tetas sin las trabas de siempre; es decir, a descargar el acto de las consideraciones morales que lo acompañan y dar un paso más en la lucha por el derecho a hacer con su cuerpo lo que bien le venga en gana. El acto por tratarse de quien se trataba, apareció en todas partes y digamos que la bella muchacha consiguió lo que buscaba sin ir a la cárcel ni recibir sermones de sus famosos padres o la gente austera, para llamarla de algún modo. Nadie, pues, se llamó a escándalo y, una vez pasada la curiosidad, el hecho pasó a ser uno de tantos, buenos y malos, que suceden cada día. En otras palabras, así las tetas todavía merezcan toda la atención, lo evidente es que mostrarlas, por una práctica cada vez más frecuente y desinhibida, amenaza con trivializar su encanto y volatizar su sensualidad. Si en algún momento, exhibirlas hacía parte de la protesta, cualquier protesta, hoy no da para tanto. Uno se las encuentra por todas partes y de todos los tamaños en portadas de revistas, periódicos, internet, videos y ni que se diga en el cine y la tv. Han terminado por convertirse en un hecho familiar, doméstico, donde la tentación, maravillosa palabra, apenas tiene que ver.
¿Han perdido poder las tetas?, salta entonces la pregunta. Probablemente no, o quién sabe, pero no es lo mismo mirar un escote pródigo que unos senos tal como la naturaleza o la cirugía mueven a ostentarlos, vueltos ahora lugar común. Casi podría decir que lo ganado por la mujer en su lucha por las reinvicaciones o la figuración comercial, lo ha perdido en ese legado que alinea la mirada con la desnudez y el deseo. Con la incitación misma.
Tenía dieciséis años cuando vi por primera vez unos senos. Se trataba de una película francesa y una actriz Myléne Demongeot, nuera por cierto del gran George Simenon, quien se sacaba el pullover en alguna escena, mostrando cuán perfecta era y cuán transgresor hacerlo en ese momento. Recuerdo la sorpresa, la conmoción y el descomunal suspiro del publico en el teatro. Que en una época clerical, corrían los años 60, se ofreciera algo semejante, no sólo rompía todas las normas, sino que permitía a un público y a un adolescente, yo, enredado en asuntos inefables, advertir de pronto, con emoción paralizadora, los tesoros ocultos de la existencia. A Myléne, no la olvido pese a los años transcurridos, lo que no puedo afirmar de las dueñas de cientos de tetas que hoy día saltan aquí y allá por el placer de la frivolidad y la necedad de restarle a la imaginación lo que a ella pertenece.
No es gratuito, pues, apenas coherente que, dado el rumbo de las cosas, una precursora, placentera y a la vez contestataria PlayBoy anuncie para comienzos de 2016 no publicar más desnudos.